La Última Carta

La lluvia golpeaba suavemente la ventana del pequeño departamento. Sofía sostenía una carta amarillenta entre sus manos mientras observaba la ciudad iluminada por las luces de la noche.

Habían pasado diez años desde que Martín partió al extranjero persiguiendo sus sueños. Durante todo ese tiempo, las cartas llegaron puntualmente cada mes, llenas de promesas y recuerdos. Sin embargo, hacía más de un año que no recibía noticias.

Aquella tarde, el cartero llamó a su puerta. Era una última carta.

Con manos temblorosas, Sofía rompió el sello y comenzó a leer.

«Querida Sofía: si estás leyendo estas líneas, significa que ya no podré regresar. La enfermedad avanzó más rápido de lo esperado. Quiero que sepas que cada logro, cada amanecer y cada sonrisa estuvieron acompañados por el recuerdo de tu amor. Nunca dejé de pensar en ti.»

Las lágrimas cayeron sobre el papel.

Martín continuaba describiendo lugares, momentos y sueños que nunca pudieron compartir. Al final, una sola frase ocupaba el último párrafo:

«No me esperes más. Vive por los dos.»

Sofía cerró los ojos y apretó la carta contra su pecho. El dolor era inmenso, pero por primera vez en mucho tiempo comprendió que aferrarse al pasado también era una forma de despedirse de la vida.

La lluvia cesó. Sofía abrió la ventana y dejó que el aire fresco entrara en la habitación. Mientras observaba el horizonte, una pequeña sonrisa apareció entre sus lágrimas.

Era hora de comenzar de nuevo.